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Letras desde Cazarabet

Recuerdos escritos del tiempo en la montaña.

Pueblos despoblados y miradas en palabras.  

A veces los artistas, en este caso del arte de la escritura, no ven el éxito de alguna de sus creaciones…mueren antes de manera irremediable como todos, pero renacen  en la memoria más estricta años más tarde….esto se da más en los pintores, pero no deja de darse en otros creadores.

 

El caso es que el aragonés José Satué se encargó de habitar con negro sobre blanco de  lo que ya se contempla despoblado, se trata de Escartín un pueblo del Pirineo Aragonés que relamió los anhelos de la creación literaria de Satué.

 

El relato se integra, como envolviendo, al libro “Memorias de un montañés” que ya es un éxito de ventas y ya sabemos que cuando se habla de éxito la bola va creciendo mientras va viajando.

 

Los que lo han leído con sosiego dicen que se trata de una escritura que llega dentro y puede llegar a afectar hasta la sensibilidad o ilusionar con un chispazo de furtiva alegría.

 

El libro es editado por Xórdica, una editorial comprometida, sobretodo con la tierra aquella tan especial como es Aragón y las pequeñas y a  veces desagradecidas almas que la habitan y la despueblan.

 

Hablamos con lectores de este libro y explican que encontraremos una escritura sin querer aparentar. La expresión escrita de Satué es sencilla, natural…lo que ayuda que la lectura sea fácil, ligera y, además no exenta de calidad. Escartín dibuja con palabras las situaciones de la España rural, en concreto de Aragón, de muchos pequeños y, más bien, aislados pueblos. Satué sabe lo que es esto porque lo vivió de cerca como un roce prematuro que desgarra la sensibilidad y el apego a la tierra generacional. El relato es la descripción de una dolorosa despoblación, gota a gota…familia a familia. Es desgarradoramente real; escribe, pincelada a pincelada, lo que pasó en Escartín

 

Todos los lectores, críticos… establecen un paralelismo directo con la magistral obra de Llamazares: “La lluvia amarilla” que hablaba de la despoblación de Ainielle. La hay, pero Llamazares se conrea más como escritor de oficio. Satué es más cronista.

  

Satué nació en Escarpín, así que nadie como él para hablar del pueblo que lo vio nacer. La despoblación llega a partir de los 50 cuando los aldeanos empiezan a enterarse de lo que hay fuera del pueblo en Sabiñánigo, Huesca, Monzón y otros pueblos grandes o ciudades. Aspirando a una vida mejor la gente empieza a dejar, abandonando, a sus aldeas y pequeños pueblos. La despoblación no tiene marcha atrás y sólo va a más. Las pérdidas y abandonados son irremediables y no por ello menos tristes.

La familia de Satué fue una de las últimas que abandonó Escartín, lo hizo en el 65. En la aldea pirenaica sólo quedó otra familia. Me pregunto, desde la ignorancia, qué sensaciones eran el de recoger las ropas, utensilios, efectos personales; ante esto tan sólo puedo experimentar tristeza y una especie de náusea de desarraigo como si se delatase que detrás de cada uno de nosotros hay un traidor a su tierra.

 

¿Cómo debió ser la vuelta atrás de la mirada de los hijos e hijas de Escartín. ¿Qué sintieron con el frío hierro de la llave en las manos cerrando la puerta?; ¿Cuando la habían cerrado por última vez.?; ¿Dónde estaba el escondite para meter la llave o se la llevaron con ellos?

 

Esas preguntas sólo tienen respuestas en ellos, llevándoselas en el silencio de su muerte….como la aldea que se quedó sola.

 

Y lo final: ¿qué les esperaba en Huesca? El autor del libro nunca más, con vida, volvió a Escartín.

  
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